Pastoral vocacional posmoderna

Antes de comenzar, confieso que me veo obligado a aceptar esa insultante distinción entre pastoral ordinaria y pastoral vocacional, se suele entender por esta última aquélla que tiene como objetivo acompañar el discernimiento hacia otro estilo de vida diferente al estado laical. Como laico seglar me ofende profundamente esta distinción (como si no tuviese vocación); pero no veo, de momento, solución terminológica cercana para poder entendernos.

Una vez tragado ese sapo, he de constatar que la actualización de la pastoral juvenil es un proceso imparable para la mayoría de los entornos eclesiales que trabajan con la infancia-juventud intentando inculturar la propuesta de la fe. Sin embargo, a pesar de esta constatación, existe resistencia al hablar de la pastoral vocacional.

En otra entrada de este mismo blog (15-12-14) recordaba que:

Thomas Kuhn, en La estructura de las revoluciones científicas  afirma que cuando hay suficientes anomalías significativas en contra de un paradigma vigente,  entonces éste cae en un estado de crisis. Durante esta crisis se intentan nuevas ideas, tal vez las mismas que antes se descartaron. Finalmente, se forma un nuevo paradigma, que gana sus propios seguidores, y ocurre una "batalla" intelectual entre los seguidores del nuevo paradigma y los que resisten con el viejo paradigma.

Pues bien, si la pastoral juvenil ha entrado en un nuevo paradigma: con un nuevo lenguaje, una nueva racionalidad,... la pastoral vocacional se ha convertido en cierta resistencia momentánea. Es complicado lanzarse de lleno a un nuevo paradigma pues la experiencia personal, de repente, ya no es útil para la pastoral juvenil; así que nos sentimos a la intemperie. La tendencia habitual es la repetición de viejas soluciones, pues de alguna manera pertenecen a nuestras propias convicciones y certezas. Es lógico. Aceptar que hemos de poner en crisis nuestra pastoral vocacional, es poner en crisis nuestra propia vocación. Pero reconozco que no todo el mundo entiende lo mismo por eso de "la crisis de la pastoral vocional", pues hay quien entiende simplemente de manera cuantitativa esa afirmación y con la mirada puesta en los seminarios o noviciados: monumentos del viejo paradigma. Es un error pretender tiempos pasados. Lo que realmente piden estos tiempos para los que acompañamos jóvenes es que pongamos en tela de juicio nuestra propia vocacion para que iniciemos una nueva búsqueda.

Es probable que las palabras del Papa Francisco el pasado 2 de febrero a los Institutos de Vida Consagrada, se entiendan mejor:

...una tentación que puede hacer estéril nuestra vida consagrada: la tentación de la supervivencia. Un mal que puede instalarse poco a poco en nuestro interior, en el seno de nuestras comunidades. La actitud de supervivencia nos vuelve reaccionarios, miedosos, nos va encerrando lenta y silenciosamente en nuestras casas y en nuestros esquemas. Nos proyecta hacia atrás, hacia las gestas gloriosas -pero pasadas- que, lejos de despertar la creatividad profética nacida de los sueños de nuestros fundadores, busca atajos para evadir los desafíos que hoy golpean nuestras puertas. 

La psicología de la supervivencia le roba fuerza a nuestros carismas porque nos lleva a domesticarlos, hacerlos «accesibles a la mano» pero privándolos de aquella fuerza creativa que inauguraron; nos hace querer proteger espacios, edificios o estructuras más que posibilitar nuevos procesos. La tentación de supervivencia nos hace olvidar la gracia, nos convierte en profesionales de lo sagrado pero no padres, madres o hermanos de la esperanza que hemos sido llamados a profetizar.  

Ese ambiente de supervivencia seca el corazón de nuestros ancianos privándolos de la capacidad de soñar y, de esta manera, esteriliza la profecía que los más jóvenes están llamados a anunciar y realizar. En pocas palabras, la tentación de la supervivencia transforma en peligro, en amenaza, en tragedia, lo que el Señor nos presenta como una oportunidad para la misión. Esta actitud no es exclusiva de la vida consagrada, pero de forma particular somos invitados a cuidar de no caer en ella. 

Ya no son sostenibles los intentos esencialistas, que ponen todo su empeño en un concepto fuerte de identidad y con estructuras formativas rígidas; donde se separa del mundo afectivo y social al candidato. Además, con frecuencia, olvidamos que los procesos vocacionales no son ya procesos juveniles e intentamos estructuras separadas y pensadas para adolescentes-jóvenes e infantilizamos a la persona con dinamismos espúreos: rozamos el ridículo con los adultos. La prueba de que estos intentos no armonizan con nuestro kairós, no es que no haya un gran número de candidatos sino el elevado número de personas que han cambiado de estado y/o estilo de vida. Fenomenológicamente, nuestra racionalidad pastoral genera polaridades del tipo: acompañante/acompañado, con hábito/sin hábito, laico/consagrado, laico/clérigo, sagrado/profano, clausura/apertura, visibilidad/anonimato, célibe/casado... estamos generando enfrentamiento y violentando los procesos. Nuestra racionalidad analítica categoriza la realidad generando polaridades, pero lo más profundo de nuestro ser aspira a la absoluta unidad. O nuestras propuestas vocacionales aspiran a lo no-dual o quedaremos condenados a aporías de discernimiento (caminos sin salida).  

Escribía el teólogo José María Castillo en su blog (28-01-17) analizando la vocación a presbítero: 

Se entiende por “vocación” un “llamamiento”, una llamada. Por eso decimos que se va al seminario o entra en el noviciado el que se siente “llamado” para eso. Pero llamado, ¿por quién? Desde hace siglos, se viene diciendo que el obispo “ordena de sacerdote” al que es “llamado por Dios”. Pero es claro que a cualquiera se le ocurre preguntarse: ¿y por qué será que ahora a Dios se le ocurre llamar a menos gente precisamente en los países más necesitados de buenos párrocos, teólogos, etc? No. Eso de que la vocación es la llamada de Dios, eso no hay quien se lo crea en estos tiempos. 

Efectivamente, los lenguajes vocacionales basados en el campo semántico de "la llamada" y sus correspondientes preguntas: ¿a qué te llama Dios?, ¿te sientes llamado a...?, nos conducen a caminos sin salida (aporías de discernimiento). En realidad, la única pregunta vocacional que tiene sentido en este paradigma posmoderno es: ¿quién soy yo (en este momento presente)?, desde una perspectiva más existencial que psicológica. Pues la única vocación es: ser persona.

  

En caso de que nos empeñemos en hacer convivir dos modelos pastorales (el de la pastoral ordinaria y el de la pastoral vocacional), generaremos enfrentamiento y desunión. Seguir aspirando a una pastoral de opciones en una sociedad líquida es violentar la vida del joven. Reconozcamos que los procesos vocacionales se están reiniciando continuamente y las fronteras dentro los diversos estilos de vida cada vez son más difusos. Tan sólo en nuestra mente separadora es posible discernir un elemento de la vida (el estado y/o estilo de vida)  y no otros. En la realidad, los procesos caminan de forma holística, es decir, poniendo en juego todas las dimensiones de la vida desde microrrelatos cotidianos de experiencias y el reconomiento de identidades dinámicas. Si miramos con profundidad, reconoceremos tejidos comunitarios, relaciones que buscan ser uno y donde cabemos todos sin excepción. Por eso, las propuestas no han de ser estructuras rígidas de formación, sino contextos de pertenencia; donde las estructuras se flexibilicen para que las experiencias se vivan como parte de un proceso narrado en primera persona (y no en tercera). Sólo será posible una pastoral vocacional posmoderna si afrontamos que la pastoral vocacional ha de diluirse en una pastoral ordinaria cada vez menos juvenil; aunque cada vez más existencial. Haremos así que toda la pastoral sea vocacional en un sentido amplio.

Comentarios

  1. Simplemente,Javi: magnífico. Te invito a leer una entrada de mi blog de hace unos cinco años, te diré su título cuando lo recuerde pero su tesis era precisamente que la vocación en sentido estricto es ese "quién soy yo" y de ahí puede nacer una concreción u otra... En fin, por no extenderme... Te diré el título.
    Magnífico, Javi

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    1. He disfrutado leyendo tu entrada, me encantan estas sintonías. Con tu permiso pongo aquí el enlace porque seguramente se entenderá mucho mejor. Un abrazo Elena.

      http://educarlainterioridad.blogspot.com.es/2012/11/la-vocacion-mi-submarino-amarillo.html

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  2. Hubo quien separó en lo vocacional lo religioso con lo humano. Lo que me llama desde afuera con lo que me mueve por dentro. Y lo religioso es una creación humana. Qué extraño resulta plantear lo vocacional como algo externo al ser humano. Gracias por tus reflexiones, Javi.

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    1. Pues así es David, sin embargo, qué razón tienes. Muchas gracias por pasarte por este blog y comentar. Un abrazo.

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  3. Suscribo plenamente tus palabras. Gracias por la reflexión. Una objeción. Acompañante y acompañado no tienen porqué ser dualidad. Para mí son compañeros. Hay momentos en la vida donde buscamos o nos encontramos con testigos que nos acompañan en eso que vivimos y otros en que somos nosotros quienes nos convertimos en testigos para otros. Hay estilos de acompañamiento integral que buscan alentar la Vida y acompañarnos para habitar la propia casa y hacerla habitable para todos. Un fuerte abrazo

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    1. Hola Gemma, ¡qué sorpresa! Muy acertado tu comentario y ojalá el acompañamiento tuviese ese estilo que propones; pero me temo que en el acompañamiento vocacional se frecuenta un estilo más cercano a la dirección espiritual: se genera una relación de iniciática, de dependencia exclusivista donde la asimetría está marcada fuertemente y se ejerce la directividad. En definitiva un dualismo: se refuerza la diferencia de identidad tú no eres yo, pero si haces lo que yo te digo llegarás a ser uno de los nuestros.

      Ojalá Gemma, sea como tú dices. Un abrazo y gracias por el comentario.

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  4. Acabo de escuchar la pregunta ¿Soy aquí y ahora lo que Dios sueña conmigo? Y pensaba que la respuesta está en la pregunta. ¿Acaso hay algo más que intentar, aquí y ahora, SER con mayúsculas? ¿Por qué seguimos teniendo la necesidad de poner etiquetas a todo? ¿Por qué nos cuesta asumir que la única vocación es a vivir (como que fuera poco)? Gracias compañero. Sigo rumiando tu reflexión.

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    1. Decían los filósofos latinoamericanos de la liberación acerca de la recepción filosofía europea, que de la metafísica occidental generaba violencia; pues definir la propia identidad a través de la diferencia violenta al referido como distinto.

      Te dejo, Juanan, un fragmento de la entrada que comentaba Elena Andrés más arriba, me parece muy ilustrativo:

      "Al final la gran vocación es la de ser agua, la de fundirnos con Dios, la de ser una gota en el océano (...) Habrá un día en que tu trabajo o tu familia o tu comunidad no te sirvan para nada, sí, así te lo digo, para nada, porque la razón de todo, el sentido de todo debe brillar dentro de ti.

      ¿Será mi vocación ser educadora o ser la pareja de o hacer esto o lo otro o ir aquí o allá? En todo caso todos esos movimientos externos serán ecos de mi profunda vocación cuando estoy conectada a ella, serán los puntos de referencia para recordarme la ruta de mi vida, pero no son mi vocación. Mi vocación, nuestra vocación es desplegar nuestro Ser. Lo que me ayude a ello, bienvenido sea, lo que castre o comprima ese Ser no lo quiero".

      Muchas gracias por pasarte por el blog y dejar tu comentario. Un abrazo.

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  5. Me alegra poder abrir un debate sobre un tema tan nuclear y hacerlo desde la fraternidad y el respeto de la diversidad. Por eso comparto algunos ecos que me han suscitado tus palabras Javier.

    Yo también me resisto a aceptar la distinción entre pastoral ordinaria y vocacional, creo que tengo que luchar por romper con esa distinción que solo hace daño. A mí como religioso también me ofende profundamente distinguir entre pastoral ordinaria y pastoral vocacional. Como dices, ojalá toda la pastoral fuese vocacional.

    Me da pena que entiendas por pastoral vocacional “la que tiene como objetivo acompañar el discernimiento hacia otro estilo de vida diferente al estado laical” Para mí lo vocacional no es eso. Lo vocacional es el alma de toda pastoral, el gran tesoro, la perla. Una pastoral “no vocacional” sin llamante y sin llamados es una pastoral auto-referencial, vacía del sentido profundo del ser humano. Dios llama a todos y a todo, nadie ni nada es “no llamado”. Para mí esto tiene implicaciones muy concretas en la manera de estar con las personas de acompañar procesos, de mirar al ser humano y a la creación.

    Los discernimientos concretos que cada uno tendrá que hacer en la vida es otro tema. Con quién y la manera como sientas y quieras compartir tu vida y corazón son concreciones de la existencia, pero lo vocacional es mucho más profundo y anterior a estas formas o estilos de vida.

    Cuando algunos insistimos en la dimensión vocacional de toda pastoral no es por volver a paradigmas anquilosados del pasado, no es para llenar noviciados o seminarios o tener más matrimonios cristianos, es porque se nos hace irrenunciable una evangelización que parte de la experiencia de sentirse llamados cada día (y no a un estado permanente o forma de vida). Llamados a la Vida, a más vida, a la luz, a la plenitud, al Amor. Alguien más allá de nosotros mismos nos llama al Amor.

    Si de algo nos tenemos que liberar en pastoral es de modelos hiper-racionales e ideologizantes, de planteamientos al margen de la iglesia y autorreferenciales en lo personal, con falta de sensibilidad y del lenguaje del corazón. Ojalá rompamos con los prejuicios que tenemos con la palabra “vocacional” y reconozcamos que es el alma de todos los procesos que estamos dinamizando en la Iglesia de actualización de pastoral juvenil.

    Cuando hablabas de las luchas entre paradigmas yo me preguntaba y ¿cuál es el nuevo paradigma? ¿y el viejo? ¿quiénes son la resistencia? Normalmente la gente más joven tiene menos que luchar por mantener cosas del pasado porque no las han vivido, porque parten de otros presupuestos. Para mí lo vocacional no es de pasado, lo vocacional es de futuro.

    Que haya personas que sigan teniendo una visión de lo vocacional como algo sectario, selectivo, elitista… no implica que lo vocacional signifique eso. Ojalá seamos capaces del liberarnos de esa herencia envenenada. El problema está en la mentalidad y los prejuicios de esas personas y no en el concepto vocacional en sí mismo y en la riqueza que encierra.

    Estoy cien por cien de acuerdo en que tenemos que ir caminando a una pastoral intergeneracional que rompa con los esquemas de juvenil y adulta, como si fuesen cosas separadas.

    Una de las cosas que decías me parece especialmente significativa y es que cuando se pone la pastoral vocacional en crisis se pone en crisis nuestra propia vocación y por eso levanta tanto revuelo, por eso lo vocacional es tan sensible, por eso a veces parece que es mejor aparcarlo, ponerlo de lado porque incomoda, porque nos coloca en la cara preguntas fuertes de sentido.

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  6. Estoy totalmente de acuerdo con las palabras del Papa Francisco que compartías sobre las tentaciones de la vida consagrada y me atrevo a añadir aquí algunas otras palabras más específicas sobre el tema vocacional que el Papa dirigía el pasado 5 de enero en Italia:

    “Hoy necesitamos de una pastoral vocacional con horizontes amplios y con perspectiva de comunión, capaz de interpretar con coraje la realidad, así como es, con sus dificultades y resistencias, reconociendo los signos de generosidad y de belleza del corazón humano. Es urgente inserir en las comunidades cristianas una nueva cultura vocacional. Forma parte de esta cultura vocacional la capacidad de soñar y desear a lo grande, con la admiración que permite apreciar la belleza y escogerla por su valor intrínseco, porque hace la vida más bella y verdadera”

    Estoy totalmente de acuerdo con que no se puede crear una pastoral ni una formación que separen del mundo afectivo y social. Trabajemos por modelos integradores abiertos a las necesidades de las personas y con un horizonte de sentido y de absoluta unidad.

    También creo que hay que superar la pastoral de opciones y no solo por estar en una sociedad líquida, sino porque es una pastoral que pone el acento en mí mismo y lo que quiero o tengo que hacer, poniendo a un lado la transcendencia y al Trascendente. Lo vocacional no está en la lógica del optar, lo vocacional está en la lógica de lo relacional, de entrar en un diálogo permanente de escucha que evidentemente lleva a acciones pero no como opciones sino como respuestas.

    Cuando José María Castillo dice “eso de que la vocación es la llamada de Dios, eso no hay quien se lo crea en estos tiempos” evidentemente que detrás de la palabra vocación estamos poniendo contenidos diferentes y me da pena que aún sigamos con estos prejuicios. Si Dios no llama a nada, entonces estamos poniendo en tela de juicio la esencia del cristianismo. Si simplemente soy yo conmigo mismo aquí y ahora, me sobra la iglesia y los sacramentos, pierde sentido la cruz y el pan partido, me sobra Dios y su Palabra.

    Como decía hace unas semanas Pablo D’Ors en un retiro “la persona no está llamada simplemente a ser feliz, que no, que lo nuestro va más allá, que la persona está llamada a ser corredentora con Jesús, a dar la vida por los demás, más allá de los objetivos de la propia felicidad, que la felicidad es consecuencia de la vida entregada y no un objetivo en sí mismo”.

    Ojalá que el Espíritu del eterno Llamante esté presente en nuestros microrelatos cotidianos de experiencias, en nuestras identidades dinámicas, en nuestros tejidos comunitarios de relaciones que buscan ser uno y donde cabemos todos sin excepción. Ojalá que descubramos que la formación se hace a partir de contextos flexibles de pertenencia y no tengamos miedo de abrir nuestras vidas y nuestras casas para que otros entren y puedan crecer y narrar un proceso en primera persona.

    Acabo con las mismas palabras tuyas con las que me siento en perfecta comunión, aunque cambiaría un verbo: “sólo será posible una pastoral vocacional posmoderna si afrontamos que la pastoral vocacional ha de diluirse “expandirse” en una pastoral ordinaria cada vez menos juvenil; aunque cada vez más existencial. Haremos así que toda la pastoral sea vocacional en un sentido amplio”

    Gracias Javier por lo que has escrito, por abrir un debate en algo tan substancial e importante, por tu sinceridad y deseo de avanzar. Por provocar la construcción de pensamiento para caminar juntos hacia la verdad.

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    1. ¡Madre mía, Guillermo! ¡Menudo comentario! Más largo que la entrada en sí. Te recomiento encarecidamente que te abras un blog. Yo te leería. En fin, comprenderás que mi respuesta primera sea un abrazo de agradecimiento por las molestias que te has tomado en comentar y luego intentaré escribir algo para responderte... Gracias.

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  7. Jolines!vaya reflexión! Gracias Javi y Guillermo por el tiempo empleado en poner palabra a un fondo tan importante. Tertulias de este tipo en torno a un café se me presentan la mar de sugerentes. Un abrazo compañeros.Gemma

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    1. Pues sí y bien a gusto que íbamos a estar... Pero a veces es necesario la soledad y el silencio de la reflexión ante el papel en blanco. Un abrazo (se aceptan cafés)

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  8. Me uno al agradecimiento... Porque lo vocacional es "la joya de la corona de nuestra escuela". Mil gracias a todos por alentar reflexión y sentido.

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    1. Gracias a ti David, por tus comentarios... Un abrazo.

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